Imaginate un mundo sin música

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagínate un mundo sin música. Nada. Imaginate una fiesta sin música, una noche romántica sin música, un video con voces y sonidos, pero sin música… o un casamiento sin la marcha nupcial.

Imaginate que no existieran los recitales porque no hay nada que cantar, imaginate que no hay pogos porque no hay con qué saltar. Imaginate una reunión de amigos sin música de fondo, con esos silencios entre palabra y palabra que parecen agujeros negros.

Imaginate a Lennon sellando papeles en mesa de entrada del alguna dependencia pública de Liverpool. Imaginate a Marley haciendo rastas hippies en Jamaica y al Indio charlando en la esquina con un verdulero, con quien, según él mismo dijo, tiene menos cosas en común que con Cerati (¿quién sería Cerati?). Imaginate un campeón sin “We Are The Champions”, o un hermano menor que no aprenda a tocar la guitarra porque vos tampoco nunca supiste y no tiene en quién inspirarse, aunque sea un poquito. Claro, no hay música, no hay guitarra

Imaginate que no hay nada para cantar, siquiera nada para escuchar, nada para bailar y nada para emocionarse ni llorar. Imaginate que nunca aprendiste “El Hospital de los Muñecos” de nene porque no había nada para aprender, más que a hablar y caminar.

Imaginate que no existan los vinilos, ni el arte de tapa. Ni los booklets internos, ni las letras de canciones. Imaginate que no exista la frase “imagina toda la gente viviendo la vida en paz”, ni un lema que te invite a soñar porque él es un soñador pero no es el único.

Imaginate que no hay tango para llorar. Imaginate que no hay Charly, ni Fito. Ni Clapton. Ni Aristimuño, ni Sgt Pepper. Ni siquiera el Lado Oscuro de la Luna. Ni Stones, ni Cobain. Imaginate, si podés, no saber qué es la música. Imaginate qué se sentiría no conocer la sensación de escuchar un buen disco…

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